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La Colección Mutis


Diego F. Gómez
Antropólogo

Entre las colecciones de documentos americanistas que reposan en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid (también conocida como Real Biblioteca [RB]), se encuentra un conjunto de diecinueve manuscritos compuesto por gramáticas, vocabularios, listas de palabras, catecismos, confesionarios y otros valiosos apartados, de varias de las lenguas indígenas que se hablaban a finales del siglo XVIII en América del Sur, especialmente en el antiguo territorio del Virreinato de la Nueva Granada. Esta colección guarda registros incunables de las lenguas achagua, andaquí, aruaca (arawak-lokono), caribe (caribe-kaliña), ceona (siona), guama, guaraní (avañe'ẽ), guaraúna (warao), pariagoto, muysca (muysccubun), motilona (barí ará), otomaca, taparita, yorura, yukpa, paez (nasayuwe) y huaque (carijona-tsahá), y dada su antigüedad, estos manuscritos se han convertido en importantes registros del pasado de estas lenguas, algunas de ellas habladas en la actualidad por miles, otras extintas y otro tanto transitando el lamentablemente camino de la extinción.

Origen de la Colección


El historiador español Valentín Moreno ha denominado a este conjunto documental 'Colección Mutis' (2009), debido a que fue precisamente José Celestino Mutis el responsable del acopio de estos documentos en el Virreinato de la Nueva Granada. No obstante, fue la curiosidad científica de Catalina II, Zarina de Rusia, la que conduciría a la existencia de la dicha colección. La emperatriz, fue una figura sobresaliente en la historia de Rusia. Bajo su gobierno se inició un proceso de modernización y el territorio ruso se amplió en más de un millón de kilómetros cuadrados (Triana y Antorveza, 1993). Bajo su influencia, Rusia se posicionó como una potencia en su tiempo. La Zarina mantuvo correspondencia con varios intelectuales occidentales, especialmente franceses, entre ellos Voltaire, Diderot y Montesquieu, sin embargo, siempre se mostró atraída por el arte y la ciencia occidental. Siendo Gran Duquesa, planeó la elaboración de un diccionario que recopilara listas de palabras de las lenguas que existían en el imperio ruso y otros lugares (Triana y Antorveza, 1993). Ella misma elaboró una lista de más de 200 términos que hizo traducir a más de 150 lenguas. Durante su reinado, el proyecto creció y fue tomado por el alemán Cristian Bachmeister, consejero de estado radicado en Rusia, quien en 1773 describió un plan para la recolección de los vocabularios y preparó un texto que serviría de comparación entre las lenguas documentadas (Triana y Antorveza, 1993), sin embargo, Bachmeister terminó abandonando el proyecto luego que Catalina II decidiera conducir la empresa personalmente. Según Hans Arens (citado por Triana y Antorveza), la emperatriz terminó interesándose en la documentación y comparación de las lenguas debido a la propia naturaleza lingüística de su vasto imperio.

“Es natural que la Emperatriz de un gigantesco imperio plurilingüe tuviese especial deseo de procurarse un panorama del hervidero de lenguas que empezaba a ser inmenso. Pronto empezó a interesarse por un diccionario universal. Ella misma, en su condición de Emperatriz, confeccionó una lista de más de 200 palabras (sustantivos, verbos, formas verbales, adjetivos, pronombres, adverbios, numerales), que consideraba palabras fundamentales y las envió a sus gobernadores, sabios, emisarios, con la indicación de que, sin pérdida de tiempo, las tradujesen a todas las lenguas accesibles a ellos y se las devolviesen” (Arens, 1972, pág. 86. Citado por Triana y Antorveza, 1993)


Más tarde, el alemán Pedro Simón Pallas continuó la empresa lingüística y en 1786 logró publicar la primera parte de la obra llamada “Linguarum Totius Orbis Vocabularia Comparativa, Augustissimæ cura coleccta”, que contiene en caracteres cirílicos 285 palabras traducidas a sus equivalencias en 149 lenguas asiáticas y 51 europeas, “de forma que cada una de las palabras rusas tomadas por base correlativamente –fueron presentadas en 200 lenguas, comenzando por el eslavo y siguiendo con el celta, vasco, griego, romántico, germánico, etc. sin ninguna observación, como escuetas listas” (Arens, 1972, Citado por Triana y Antorveza, 1993). Adicionalmente, en ese mismo año se publicó un folleto titulado Modèle de vocabulaire con una lista de palabras básicas con su respectiva traducción al latín, alemán y francés. La segunda parte del Linguarum Totis fue publicada en 1789, pero entre 1790 y 1791 se realizó una reedición en cuatro tomos que amplió las equivalencias a “164 lenguas asiáticas, 55 europeas, 30 africanas y 23 americanas” (Triana y Antorveza, 1993, pág. 96). A pesar del importante precedente de comparación léxica llevada a cabo por la empresa de Catalina II, la estrategia editorial del Linguarum Totis no fue del todo acertada, puesto que el orden de las palabras se realizó de manera alfabetica y esto dificultó en la práctica la comparación interlingüística.

Para la recolección de los datos Catalina II hizo uso de la diplomacia, obteniendo por esta vía la traducción de las listas de palabras en otras lenguas distintas a las habladas en el territorio Ruso. Así mismo, y gracias a los Jesuitas residentes en el Imperio, - quienes permanecían bajo el amparo de la Zarina a pesar del Breve Papal que ordenaba la extinción de la Compañía de Jesús- , tuvo acceso a otras fuentes lingüísticas de diferentes lugares del mundo, incluyendo por supuesto varias obras de lenguas americanas (Triana y Antorveza, 1993). Entre los colaboradores de la recolección de publicaciones se encuentra el abate español Lorenzo Hervás y Panduro, quien por aquel entonces residía en Roma e hizo la siguiente observación:

“El año de 1785 el señor Santini, agente imperial de la corte de Petersburgo en esta ciudad, tuvo orden de su corte para enviar a ellas todas las obras que los jesuitas habían publicado en Italia sobre las naciones americanas y asiáticas, y principalmente sobre sus lenguas. Estas obras, que por encargo de dicho agente yo recogí, debían servir de materiales al señor Pallas, famoso literato y viajador por todo el imperio rusiano, para que hiciera una confrontación o cotejo de todas las lenguas conocidas.” (Del Rey Fajardo, 1971).

Por su parte, a través de Pedro Normande, - Ministro español residente en San Petersburgo -, Catalina II le comunicó a Carlos III sus deseos de formar un “Glosario universal y comparativo de todos los idiomas”, enviándole una lista de libros de las lenguas de América necesarias para su labor y solicitando el envío de las obras que pudieran existir del eusquera. De igual forma, remite en su misiva una copia impresa del “plano de la obra” y un ejemplar de su lista comparativa en las lenguas rusa, latina, alemana y francesa (Larrucea de Tovar, 1984). Así pues, Don Antonio Porlier, - Conde de Floridablanca y Ministro de Carlos III -, da respuesta a la Zarina afirmando que el Rey “ha dispuesto lo conveniente para que con la brevedad posible se junten las [obras] que contiene la lista que V.S. me ha remitido” (Larrucea de Tovar, 1984). En consecuencia, el Rey español solicitó a sus virreyes en América la elaboración de las dichas listas y la búsqueda de otros importantes documentos lingüísticos.

En el Nuevo Reino de Granada la noticia llegó a manos del Arzobispo-Virrey Don Antonio Caballero y Góngora, quien de inmediato encomendó la tarea a Don José Celestino Mutis, director de la Real Expedición Botánica. Mutis tenía una gran curiosidad por las lenguas indígenas, de hecho, no habiendo pasado mucho tiempo de su llegada al Nuevo Reino, se hizo dueño de una gramática y un vocabulario de la lengua chibcha en 1764, como bien lo escribe en respuesta al Virrey, luego de enterarse y recibir con agrado su nuevo encargo:

No es común ser en todo afortunado. Lo fui ciertamente en haber logrado que el venerable Padre Manuel Román hubiese consentido arrancar de la Librería del Colegio de Tunja por las instancias del Padre Manuel Parada (oy Monseñor en Roma) para lisonjear mi gusto con tan preciado regalo, los dos vnicos manuscritos originales que se conocen del Diccionario de la lengua Chibcha, o Mosca, que fue la general del Nuevo Reyno, y parece ya extinta su memoria. Esta es la preciosa alhaja, de que hablé, y de que soy vnico Dueño desde el año de 64. Sería inadvertencia mía franquear al instante los dos manuscritos que parecen de una sola mano, pero sin nombre de Autor: porque deberán ponerse en limpio para remitirlos a la Corte; y porque sería irreparable la pérdida en caso de naufragio. Este Tesoro no tiene precio; pero está depositado en manos francas de quien solo atesora con el fin de dar. Resta la dificultad de conseguir algún tiempo en la inteligencia de la lengua antigua, y combinación de los dos manuscritos, y en este trabajo podrán aiudarme solamente el Señor Vgalde, y el Padre Don Anselmo Álvarez, a quienes combidaría con el beneplacito de su Excelencia para que me acompañen un par de meses.

De estos mismos sujetos pienso valerme para registrar las Librerías de la Capital, y después arreglaremos aquí el modo de conseguir las listas por los medios que me sugiere mi antiguo exercicio en esta Clase de difíciles empresas. Es tarde, y aun dudo alcanzar el Correo; pero de qualquier modo en el siguiente hablaré deste mismo glorioso asunto en que ciertamente me he complacido; insinuando solamente por ahora, que aunque poseo otras alajillas impresas de este Jaez, solo cedería con gusto la gramática impresa de la misma lengua Chibcha, que ya es mui rara, pero por fortuna mia la tengo duplicada…” (González de Pérez, 1987)


En la práctica el canónigo Diego de Ugalde y el padre Anselmo Álvarez, no sólo se dedicaron a buscar los libros señalados en la lista remitida, sino que enviaron cartas a los misioneros de los varios frentes de evangelización, esperando obtener así las listas de palabras traducidas o cualquier manuscrito relativo a las lenguas del Nuevo Reino. Muy probablemente, ellos mismos se encargaron de la recepción de las obras y realizaron la mayor parte de las copias que hoy conforman la Colección Mutis.

Tras una intensa búsqueda, fueron recolectados diversos documentos manuscritos de las lenguas indígenas del país y otros tantos impresos de varias lenguas de América. En carta fechada el 4 de abril de 1789, Diego de Ugalde hace entrega y relación de todos los materiales encontrados en el Nuevo Reino, al Virrey Antonio Caballero y Góngora, quien se encontraba en Turbaco, cerca a Cartagena de Indias, presto a salir para España (Triana y Antorveza, 1993). Dicha carta se encuentra en el Archivo General de Indias y fue transcrita y publicada en 1984 por Consuelo Larucea de Tovar:

Notas de los libros y papeles de los idiomas de los Indios que se han podido juntar por D. Joseph Celestino Mutis, Directos de la RL. Expedición Botánica en este Reyno, y por mí el infraescrito, en virtudes de comisión que se sirvió darnos para el efecto el Excmo Sr. Dn. Antonio Caballero y Góngora, Dignísimo Arzobispo, Virrey Gobernador y Capitán Gral, de este Nuevo Reyno de Granada, a consqa, de la RL. Orden fecha en S. Lorenzo a 13 de Noviembre de 1787, comunicada a S.E. por el Ecxmo S. Ministro D. Ant, Porlier, y deste por el Ecxmo S. Conde de Floridabalnca en 3 de octubre del mismo, dirigido todo a satisfacer los deseos de la Emperatriz de Rusia, con la adquisición de los libros de la lista nº 1 y de la traducción de las voces de la lista n º2 con todos los idiomas posibles de estos Dominios.

Libros

1º Vocabulario de la lengua general de todo el Perú, llamada Quichua ó del Inca, su autor Diego González de Holguín de la extinguida compañía, natural de Cáceres. Lima 1608. Item Gramática y Arte Nueva de la misma lengua, y por el mismo autor. Lima 1607, en 4°.
2º Arte de la lengua general del Reyno de Chile, con vocabulario Hispano-chileno y un Calepino chileno-hispano, su autor el pe Andrés Febrés de la extinguida Compañía, impreso en Lima en 1765, 1 tomo en 8º.
3º Doctrina cristiana y catecismo, compuesto pr autoridad del Concilio Provincial de Lima de 1583 y traducido por la misma en las dos lenguas generales de aquel Reyno Quichua y Aymara. Lima 1584, en 4º.
4º Manual de los Santos sacramentos en el idioma de Michoacan, su autor el B(achill)er Juan Martínez de Araujo, México 1960, en 4º
5º Arte de la lengua Maya, su autor Fr. Grabriel de S. Buenaventura, franciscano, México 1684, en 4º. 6º Arte del idioma Maya, y semilexicon Yucateco, su autor Fr, Pedro Beltrán de Santa Rosa María México 1746 en 4º.
7º Gramática de la lengua general del Nuevo Reyno llamada Mosca, su autor Fr. Bernardo de Lugo del Orden de Predicadores. Madrid 1619, en 8º, dpdo.
8º Breve introducción o arte de entender la lengua común de los Indios. Se habla en la provincia de Quito Lima 1753, en 8 º.

Manuscritos

1º Un quaderno en 4º papel de marca. Gramática Confeson y vocabulario de la lengua Mosca-Chibcha, idioma general de los Indios de Bogotá en el Reyno de Granada, copiado de los manuscritos originales que conserva D. Joseph Celestino Mutis. No se sabe su autor aunq.e se puede inferir que lo fué un pe Joseph Dadey de la dha Compa y uno de los primeros que vinieron a fundar el Colegio de Santafé.
El mismo quaderno en papel ordino y se copio como borrador de otros manuscritos para que sirviesen después de copiarse en limpio.
2 º Un cuaderno de 4° y papel de marca. Vocabulario Mosca, sacado del otro manuscrito original de dn Joseph Celestino Mutis. Este parece ser aún más antíguo que el antecedente y tampoco se sabe ciertamente su autor. El mismo quaderno en papel ordino copiado como borrador pa que sirviese al copiante en limpio.
3 º Arte y vocabulario de la lengua Achagua, compuesto de lo que trabajaron los Padres Alonso de Neyra y Juan de Rivero de la dha, Compañía, copiado de un manuscrito que existe en la R’Biblioteca Pública de Santafé. Un quaderno en 4° papel de marca. El mismo en papel común 8°.
4 º Vocabulario de las lenguas que usan los Indios de estas. Misiones del Colegio de Propaganda de Popayán. Es la Ceona, Quaderno en 4° papel de marca. El mismo en papel común.
5 º Diccionario de la lengua Andaquí de otras Misiones. Quaderno en 4°, papel de marca con otro igual en papel común. 6 º Idioma de la Prov. De Paez sacada pr Eugenio del Castillo, puesto en limpio de la misma conformidad. Otro papel común, y un pliego de unos pocos térmos del idioma de la Nación Murciélaga o Huaque.
7 º Traducción de las voces castellanas de la lista n° 2 en lengua Motilona y un diccionario corto de Español a Motilón en forma de abecedario. Item un catecismo para la instrucción de los Indios Coyamos, Sabriles, Chaques y Anatomos.
8 º La misma tradución de voces de la lista 2 en lengua de los Indios Guamos.
9 º La misma traducción de voces en las lenguas Otomaca, taparita y Yarura. Otra en la del Inca.
10º Vocabulario español a Caribe en su original, compuesto por el P. Fr. Martín Tarandell, capuchino de las Misiones de la Guayana, con la dontrina christiana, conjugaciones en razonamiento, etc, papel, en 4º.
11º Breve compendio de nombres sustantivos y adjetivos o términos más comunes y necesarios pa entender la lengua Pariagota por el abecedaio, con algunas advertencias. Es original bastante maltratado.
12 º Frases y modos de hablar, traducidos en lengua Guarauna, Quaderno original bastante maltratado.
13º Vocabulario de lengua Arauca.
Estos manuscritos últimos desde el nº 3 inclusive no se han copiado por falta de tiempo, y hacer poco que se revcivieron, y es en suma lo que se ha podico recoger. Se esperaba conseguir el vocabulario y arte de la lengua Saliba de que habla con elogio el Padre Gumilla en su Orinoco Ilustrado, pero no han surtido efecto el encargo que se hizo D. Joseph Mutis, según le escribe el D.D: Mariano Grijalva, cura de esta ciudad.
Yo según aviso que tengo de Jph. Ermin de Minaya, espero un Dicciono mui antiguo, particular y copioso que posee este sujeto y ofrece remitirme y se juntara con lo demás para presentarlo en la Corte.

Turbaco 4 de abril de 1789
Diego de Ugalde
(Larrucea de Tovar, 1984)

Luego de la renuncia de cargos del señor Antonio Caballero y Góngora, - arzobispo-virrey del nuevo Reino -, comunicó en Cartagena a su sucesor don Francisco Gil y Lemus, todos los asuntos de gobierno antes de partir a España. El 19 de junio de 1789, don Antonio Caballero y Góngora llegaría por el puerto de la Coruña y el 15 de agosto entregaría al ministro don Antonio Porlier y Sopranis, el conjunto documental de lenguas indígenas americanas recolectadas por Mutis y sus colaboradores (Triana y Antorveza, 1993). Cuatro días más tarde, don Antonio Porlier y Sopranis le agradecería en nombre del Rey Carlos IV por “el esmero con que ha desempeñado esta comisión por medio de Don José Celestino Mutis y Don Diego de Ugalde” (Pérez de Ayala, 1951. Citado por Triana y Antorvesa, 1993), el mismo ministro Porlier enviaría el conjunto documental a la Biblioteca de la Secretaría de Palacio.

Precisamente, la mayor parte los manuscritos relacionados en la carta de Ugalde se conservan actualmente en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid y conforman la Colección Mutis. Sin embargo, al comparar esta lista con la actual Colección, podemos notar algunas diferencias, por ejemplo, del primer manuscrito, -relativo a la lengua mosca-chibcha (muysc cubun) -, se enviaron dos copias, una en papel de marca y otra en papel ordinario, pero se desconoce el paradero de esta última. Así mismo, el ítem cuarto, relativo al vocabulario de la lengua ceona (siona), el ítem séptimo, relativo a la lengua motilona (barí ará) y yupka, y el ítem octavo de la lengua guama, poseen copias en la Real Biblioteca que no se registraron en la lista de Ugalde, y por consiguiente, es probable que estas copias se hayan realizado posteriormente a la dicha carta. Otro hecho notable, es la existencia del manuscrito II/2919 en la Real Biblioteca, que no aparece relacionado en la lista de Ugalde pero que hace parte de la Colección Mutis. Por otro lado, algunos de los libros impresos mencionados en la carta de Ugalde parecen reposar en la Real Biblioteca:

1. El primer ítem, relativo a un vocabulario quíchua, y una Gramática y Arte Nueva de la misma lengua, compuestos por Diego González e impresos en Lima en 1608, corresponde a las signaturas de la Real Biblioteca I/B/124 (1) y I/B/124 (2).
2. El segundo ítem referente al Arte de la lengua general del Reino de Chile, cuyo autor fue el jesuita Andrés Febrés, impreso también en Lima en 1765, corresponde a la signatura III/4344 de la RB.
3. El tercer ítem, Doctrina cristiana y catecismo, compuesto por el Concilio de Lima de 1583, y traducido a las lenguas generales de los reinos Quíchua y Aymara, impreso en Lima en 1584, no aparece en los registros de la de la RB.
4. El ítem quinto (el cuarto no se menciona), arte de la lengua Maya, compuesto por Gabriel de S. Buenaventura, impreso en México en 1684, corresponde a la signatura I/B/228 de la RB.
5. El ítem sexto, del Arte del Idioma Maya y semilexicón Yucateco, compuesto por Fr. Pedro Beltrán de Santa Rosa María, impreso en México en 1746, corresponde a la signatura I/B/117 de la RB.
6. El ítem séptimo, relativo a la Gramática de la lengua general del Nuevo Reyno llamada Mosca, compuesta por Fray Bernardo de Lugo e impresa en Madrid en 1619, no se encuentra en la Real Biblioteca.
7. Por último, el ítem octavo, Breve instrucción o arte de entender la lengua común de los indios de la provincia de Quito, impreso en Lima en 1753, tampoco parece estar en la Real Biblioteca.

De cualquier forma, sería erróneo afirmar que los libros arriba mencionados corresponden a los mismos que fueron enviados por Mutis, pues su origen podría ser distinto.

En todo caso, y volviendo a lo principal, este conjunto documental no llegó a su destino final (que era la ciudad de San Petersburgo) y ha permanecido en los anaqueles de la Real Biblioteca hasta nuestros días. Según menciona la investigadora Consuelo Larrucea de Tovar, tres factores terminaron interrumpiendo el nexo de España con Rusia: “la muerte de Carlos III acaecida el 14 de Diciembre de 1788, el comienzo de la Revolución Francesa y el ascenso al trono de Carlos IV” (Larrucea de Tovar, 1984. Traducción propia).

Distribución aproximada de las lenguas indígenas registradas en la Colección Mutis

Cargando el mapa…

La transcripción


Hemos optado por hacer una transcripción literal, que trate de emular en lo posible al original. El texto en las lenguas indígenas ha sido marcado con negrita y el texto en latín con letra cursiva y color azul.


Signos diacríticos


Una de las tareas más difíciles pero a su vez más importantes de la transcripción de la Colección Mutis fue la identificación de los signos diacríticos. Estos podrían indicarnos en las palabras su acentuación, los alargamientos vocálicos o incluso la entonación. Sin embargo, dada la poca probabilidad de que los documentos de la colección hayan sido los originales, sino más bien copias reiteradas (ubi supra); la interpretación de las grafías, los estilos de escritura propias de cada copista y las inobservancias típicas, necesariamente originaron un cambio respecto del original tras cada copia realizada, aún cuando se haya tenido el cuidado necesario. Estas alteraciones representan un problema a la hora de interpretar los signos diacríticos, tanto desde el punto de vista lingüístico, como desde el punto de vista paleográfico.

A primera vista, y sin recurrir a interpretaciones, podemos decir que los documentos poseen varios tipos de tildes: acento agudo (´), acento grave (`), diéresis (¨), acento circunflejo (^), macrón (¯), punto diacrítico (•) y virgulilla (~). Pero luego de un análisis un poco más detallado pudimos percatarnos que muchas de estas marcas diacríticas, aunque reales, variaban debido al estilo del amanuense o la velocidad de la escritura. Por ejemplo, algunos copistas acostumbraban a escribir los acentos circunflejos con cierto adorno al final, que bien podía interpretarse como virgulilla. O el acento agudo podía escribirse como un macrón, un pequeño punto, una línea vertical, o incluso como acento grave. Aunque la finalidad del presente trabajo era la transcripción literal, no podíamos pasar por alto que los estilos caligráficos podrían derivar en una transcripción errada.

Si encontrábamos lo que parecía ser un macrón en texto castellano, sólo lo transcribíamos de manera literal si se trataba de una abreviatura, de lo contrario debía ser interpretado como un acento agudo (´).

Las abreviaturas


En los manuscritos las abreviaturas son palabras que se escriben omitiendo una parte de ellas con el fin de hacer más rápida la escritura, y en algunos casos, utilizar menor espacio en el papel. No obstante, la omisión de ciertas letras en la palabra cumple reglas que permiten la fácil identificación de las abreviaturas en el momento de la lectura.
En el caso del conjunto documental de la Colección Mutis, hemos podido identificar dos tipos de abreviaturas que clasificamos según la marca de abreviación utilizada. Las más comunes, que son del primer tipo, utilizan el método de contracción, que consiste en eliminar las letras centrales colocando un punto en su lugar y escribiendo en letras voladas la última o las dos últimas letras de la parte final, por ejemplo:


Palabra Abreviatura
algún alg.n
especialmente especialm.te
presente pres.te
Santo S.to
pensamiento pensam.to
alguna alg.a
restitución restituc.n
pretérito pret.o
plural p.l
para p.a
que q.e


Aunque este tipo de abreviación es más común en palabras de dos o más sílabas, también es utiliza en preposiciones monosilábicas, como se puede ver en el último ejemplo de la tabla anterior.

Las del segundo tipo utilizan el mismo método de contracción, pero en lugar de escribir un punto para representar la omisión, emplean una línea sobre la primera consonante de la parte final de la abreviatura (aunque también pueden hallarse abreviaturas con una línea extendida sobre toda la abreviación o tan solo sobre la parte final). Transcribir literalmente este tipo de abreviaturas no es del todo posible, pues por ser innecesarias o muy poco usadas en la actualidad, no se han contemplado en el estándar UTF8, utilizado para esta transcripción. No obstante, podemos hacer uso del macrón (del griego μακρόν "largo"), un signo diacrítico empleado en lenguas como el latín y el náhuatl para marcar un alargamiento vocálico y que es una pequeña línea horizontal. Sin embargo, sólo puede usarse sobre vocales, bien sean mayúsculas o minúsculas. Por esta razón, y por ser el signo diacrítico más parecido a la línea de abreviatura, hemos decidido usalo, aunque no podemos colocarlo sobre la primera consonante, sino sobre la primera vocal como veremos en la siguiente tabla:

Palabra Abreviatura
dicho dhō
dicha dhā
verbo vbō
hasta htā
siempre sprē
tiempo tpō
nuestro nrō
nuestra nrā
nuestras nrās
vuestro vrō


Adicionalmente, también podemos encontrar que en este tipo de abreviaturas la marca de omisión puede ser representada con acento circunflejo o con virgulilla como en: gûe (Guarde), Nrâ (Nuestra), etc.